El ácido hialurónico ha tenido una especial acogida en los últimos años en referencia a la cosmética y a la medicina estética. Pero lo primero que deberíamos saber es que se encuentra de forma natural en nuestro organismo, especialmente, en la piel.

Es el principal responsable de mantener húmeda la piel, ya que retiene el agua. Por ello, una de sus principales funciones es actuar contra el envejecimiento de esta.

Gracias a su capacidad de hidratación el ácido hialurónico ayuda a:

  •     A dar elasticidad y firmeza a la piel.
  •     Actuar en contra y en prevención de las arrugas y las líneas de expresión.
  •     Promover la elastina y la creación de colágeno que sostienen la piel.
  •     Recuperar los niveles de hidratación. 
  •     Protege la piel de agresiones externas. 

El problema, es que con los años este ácido disminuye, por lo que de forma natural nuestra piel va perdiendo hidratación y todo lo que está genera (sequedad, arrugas, flacidez…).

Hay casos en los que por ciertos motivos hay gente que pierde más deprisa o que produce menos cantidad y esto se ve reflejado en nuestra piel. 

La indebida exposición al sol también puede acelerar la pérdida del ácido hialurónico. 

La mayoría de nosotros cuando piensa en un tratamiento de estas características inmediatamente siente rechazo debido a la asociación de precios descomunales o tratamientos doloros, pero lo cierto es que apenas sienten los pinchazos gracias a la anestesia local.

Además, es importante recalcar que no produce efectos secundarios, si está correctamente inyectado, ya que es un producto natural. Lo único que te va a aportar son beneficios. 

Merece la pena empezar cualquier tratamiento de ácido hialurónico, y si tenías dudas de su eficacia o de sus inconvenientes, ya estás viendo que no hay porque tener ningún tipo de rechazo ante él. De hecho, es recomendable la aplicación del mismo para mantener una piel tersa y joven.

 

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