El ácido hialurónico fue descubierto en 1934 por un científico alemán llamado Karl Mayer con ayuda de su amigo, también científico John Palmer. Ambos, eran doctores de la Universidad de Columbia (Nueva York), y descubrieron el ácido hialurónico tras conseguir aislar una sustancia desconocida a partir del cuerpo vítreo de los ojos de una vaca.

Al observar y estudiar la sustancia descubierta, se dieron cuenta de que tenía un compuesto muy particular, estaba formada por dos moléculas de azúcar que daban lugar al D- glucurónico y la N-acetil glucosamina, formando una larga cadena de 25000 unidades de este disacárido.

El nombre del ácido hialurónico proviene de la unión de la palabra hialoide (vítreo) y el nombre de la molécula de azúcar ácido urónico. Se trataba por tanto, de una molécula que era igual en su estructura en todas las especies animales, incluido el hombre, lo cual le dotaba de seguridad (según la literatura existe un caso de hipersensibilidad de cada 200.000 personas).

El ácido hialurónico era un compuesto considerablemente viscoso, lo cual, hizo sospechar a estos investigadores que esta sustancia podría tener algún empleo terapéutico o comercial pero, la extracción del ácido hialurónico a partir del ojo de las vacas no era comercialmente rentable.

No fue hasta 1942, cuando por primera vez el ácido hialurónico fue utilizado con fines comerciales, de la mano de un científico húngaro llamado Endre Balazs, que siguiendo la metodología del científico alemán Karl Mayer, consiguió la extracción de dicha sustancia a partir de las crestas de los gallos, fuente de la cual hoy día se sigue extrayendo gran parte del ácido hialurónico que se usa. Esta primera comercialización del ácido estuvo orientada al sector alimentario, como sustitutivo de la clara de huevo.

Pero el uso del ácido hialurónico en el sector con más demanda, el sector de la cosmética, es de un empleo bastante reciente, en 1996, un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan seleccionó a un grupo de mujeres con una media de edad de 74 años, con un estado de salud óptimo y con un estado de la piel aceptable en cuanto a arrugas y flacidez se refiere. Se les sometieron a un tratamiento en el cual, a la mitad de las seleccionadas se les inyectó ácido hialurónico en una determinada parte del cuerpo, y a la otra mitad se les inyectó una simple solución salina para que actuase como efecto placebo. Tras llevarse a cabo un seguimiento y estudio, se pudo observar y concluir que a la mitad de las mujeres que se les había inyectado el ácido hialurónico, éste les había no sólo rellenado las zonas de la piel en las que por el paso del tiempo habían perdido el colágeno que se encontraba de forma natural, sino que además el ácido inyectado les había generado en su cuerpo una regeneración natural de dicha proteína, y es por esto, que tras los tratamiento con ácido hialurónico, los efectos son acumulativos en la piel y se ven mejor, pasadas semanas e incluso meses. Otros efectos esenciales del ácido hialurónico: antiinflamatorio, hidratante y antioxidante.

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